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A FONDO
Comienza la reinvención de la economía española
España ya ha iniciado, aunque de forma muy tímida, la búsqueda de un nuevo modelo productivo asentado en la innovación y el conocimiento. La crisis, la escasez de recursos y la ausencia de una “hoja de ruta” están dificultando el proceso de “metamorfosis”
En 2008, cuando estalló la burbuja inmobiliaria en España, desatando la peor crisis que se recuerda en décadas, todo el mundo (o más bien, casi todo) puso el grito en el cielo y dijo ¡basta ya!



La mayoría de políticos, economistas,empresarios y otros agentes sociales querían más ordenadores y menos ladrillos, más investigación y menos construcción, más sostenibilidad y menos especulación. Cinco años después, y todavía inmersos en esta dolorosa crisis que nos ha dejado una tasa de paro insostenible del 27%, conviene hacerse la pregunta de si realmente estamos transitando hacia ese ansiado modelo productivo cimentado sobre el conocimiento y la innovación. ¿Vamos por el buen camino? ¿Ya no pesa tanto el hormigón? ¿Se vislumbran sectores nuevos que nos darán en el futuro esos empleos que tanta faltanos hacen? ¿Volverán pronto los jóvenes cualificados que han hecho las maletas y se han instalado en el extranjero en busca de mejor vida? “Ya hay sectores que están virando hacia un nuevo modelo productivo. Ahí tenemos por ejemplo el dinamismo de las exportaciones”, dice optimista Fernando Casado, director del Consejo Empresarial para la Competitividad, un think tank que agrupa a una veintena de líderes empresariales españoles, desde César Alierta hasta Juan Roig. “Es más”, agrega este directivo empeñado en destruir el burdo estereotipo de que España es un país de sol y ladrillo, “todas las reformas del Gobierno, sobre todo la financiera y la laboral, que nos acerca a un marco similar al europeo, van en esa dirección”. Ciertamente, esta nueva economía ya empieza tímidamente a tomar forma, en parte porque el ajuste de los desequilibrios (la omnipresencia de la construcción, las desbocadas finanzas públicas, el exceso de endeudamiento empresarial…) está siendo tremendamente intenso. Y a una velocidad inesperada. “Estamos asistiendo a una enorme reducción de los costes laborales y a un enorme aumento de la productividad en los últimos dos años”, dice Mauro Guillén, profesor en la Wharton School de la Universidad de Pensilvania. Y esto se traduce, se mire por donde se mire, en una recuperación de esa competitividad que habíamos perdido. En el reciente informe España, un país de oportunidades, del Consejo Empresarial para la Competitividad, se pone el énfasis en que hay más razones para el optimismo que para el pesimismo: el país “ha demostrado que su sector externo es competitivo, con una reducción histórica de las necesidades externas de financiación, merced a una diversificación de productos, áreas geográficas y valor añadido. Igualmente ha quedado claro que el problema no era de insuficiencia de ahorro privado sino de excesiva inversión en sectores no transables de baja productividad, por lo que a medida que el ajuste inmobiliario ha ido avanzando esta se recupera con fuerza”, concluye el estudio. Aunque es muy pronto para echar las campanas al vuelo (no hay que olvidar que la escalada del paro no cesa y son muchas las empresas que naufragan o viven en la asfixia financiera) se están percibiendo varias tendencias halagüeñas, al margen del dinamismo de los intercambios internacionales (en el que sobresalen por su brío las ventas de la agroalimentación y de las semimanufacturas): una mayor competitividad y flexibilidad del sistema; un peso menguante del sector de la construcción, que ya se acerca al promedio europeo (en los días de vino y rosas del boom llegó a ser del 11% del PIB), y una balanza por cuenta corriente más equilibrada. Además, conviene llamar la atención sobre una parte del tejido empresarial, que engloba desde la biotecnología hasta las TIC, que está en ebullición y muestra una sorprendente resistencia a la crisis. De hecho, ha creado más de 650.000 puestos de trabajos netos en un momento en el que la construcción y el sector público protagonizan una gran sangría laboral. Este optimismo, no obstante, debe ser matizado. Sobre todo, porque queda mucho trecho por recorrer. “Todavía estamos muy lejos de la foto final. Se han tomado medidas, pero aún quedan muchas por tomar. Lo que ha variado realmente en los últimos cinco años es el marco laboral, que ha sufrido un cambio drástico”, sostiene Fernando García Ferrer, socio responsable de Mercados y Private Equity de KPMG. Este sentir es mayoritario. “En la medida en que nuestra economía se hace menos dependiente del sector de la edificación, estamos en la búsqueda de un modelo productivo, pero por ahora este cambio es fundamentalmente reactivo a la situación de crisis”, dice crítico Juan Mulet, director general de Cotec, la Fundación para la Innovación Tecnológica. “Yo el cambio de patrón fundamental que detecto es la mayor internacionalización de las pymes, que se buscan la vida por otros lados; porque conviene recordar que la historia económica demuestra que es muy difícil cambiar de modelo productivo”, dice Guillermo de la Dehesa, presidente del Centre for Economic Policy Research, que es el más escéptico de los expertos consultados. Los avances en el campo de la innovación están siendo más bien pobres, por culpa de esta larga crisis financiera, que ha obligado a recortar casi todo lo recortable, incluidos los recursos destinados a I+D, precisamente el motor que debe sacarnos de esta encrucijada. “La falta de financiación no permite iniciar nuevas aventuras innovadoras como para que podamos pensar en llegar a tener este nuevo modelo”, dice Mulet. Además, hay lastres importantes que pesan como losas y no juegan precisamente a favor: el fracaso escolar y la falta de formación de una parte de los jóvenes, el desconocimiento de idiomas, el escaso espíritu emprendedor, y hasta una clase política no siempre excelente en su desempeño. “España está muy mal preparada. Tenemos déficits de mano de obra, I+D, formación, calidad de los políticos…”, dice Mauro Guillén, que ve el horizonte más bien en tonos grises y piensa que España rebotará en el corto plazo pero en el largo no estará en disposición de competir en un ecosistema en el que los mercados emergentes serán actores principales. Casado piensa que ese escenario tan agorero no tiene por qué darse pero considera prioritario poner el acento en “la reforma de la Administración, retocar la reforma laboral, sobre todo en el terreno de las políticas activas, reformar el sistema educativo, potenciar la economía del conocimiento y aumentar la dimensión de las pymes”. INDUSTRIAS CON MUCHO FUTUROEn España hay seis sectores que están mostrando un inusitado dinamismo –su facturación sigue creciendo al 3%, pese a la crisis– y que conviene no perder de vista. Entre otras cosas, porque representan en conjunto el 35% del PIB y el 42% de las exportaciones. Son la automoción, la biotecnología, las TIC y lo audiovisual, el sector agroalimentario, la industria aeroespacial, y la maquinaria y herramienta. De entre ellos, los de más peso son la automoción, la biotecnología y la agroalimentación, que representan el 70% de la facturación total y el 90% de las exportaciones. Además, la productividad de sus trabajadores es muy superior a la media. Aquí hay futuro. Desde luego, cualquier cambio puede ser molesto y doloroso; nunca es fácil mutar en plena crisis y menos con unas turbulencias financieras como las actuales que han obligado a los gobiernos, también al español, a estar más pendientes de lo urgente que de lo importante. Pero ahí están Finlandia, Irlanda o Corea del Sur como botones de muestra de que las mutaciones en las economías nacionales ocurren, unas veces más rápidamente y otras más lentamente. Toca acelerar el paso, y aunque en 2014 la economía repunte tímidamente, como apuntan las previsiones, no hay que bajar la guardia. España debe reinventarse porque es lo que exige esta etapa de la globalización (basada más en el conocimiento), porque no puede competir en costes con países emergentes como Brasil o China y porque nuestro tejido productivo tiene demasiados sectores de demanda media y baja. “España debería convertirse en un centro o en un hub de excelencia. Para lograrlo, debe mejorar la competitividad y la eficiencia, y aprobar más medidas estructurales. Creo que una de nuestras ventajas es el factor humano: muchos ingenieros se van al extranjero, y eso sucede porque el muy bueno”, dice Fernando García Ferrer, de KPMG, que es partidario de algún tipo de comité de sabios que englobe a las empresas, la universidad, la Administración y los representantes de las nuevas tecnologías para marcar una hoja de ruta (por cierto, nadie, o casi nadie, cree que la transición la deba orquestar exclusivamente el Gobierno). Para García Ferrer, “hay que seleccionar muy bien las industrias sobre las que se va a apostar, porque no valen todas. En España es más difícil que en otros países posicionarse en la alta tecnología, pero sí somos un referente en automoción y en retail”. Es decir, es preferible poner los huevos en algunas cestas, las más prometedoras. “Hay que invertir en sectores con expectativas, en los transables, como la automoción o el aeroespacial”, afirma en la misma línea Fernando Casado. Segmentos de valor añadido como la automoción, la biotecnología, las TIC, lo audiovisual, la agroalimentación, lo aeroespacial y la maquinaria y herramienta se están revelando muy competitivos internacionalmente y despuntan por su esfuerzo innovador. LA COMPETITIVIDAD DE NUESTRAS GRANDES EMPRESAS En buena medida, el brío de nuestras exportaciones se debe a la elevada productividad de las grandes firmas. Las principales empresas españolas –desde Inditex hasta Telefónica pasando por Santander o BBVA– facturan cerca de 500.000 millones de euros, casi la mitad de la riqueza nacional. Y dan empleo a 2,5 millones de personas. La mitad de ellas están presentes en más de 20 países en el mundo. Aunque España figura en una posición intermedia en los rankings internacionales de innovación, un pequeño grupo de nuestras multinacionales suelen estar a la cabeza en I+D y destacan por fomentar el espíritu emprendedor en la organización. Otros estudiosos hacen mucho hincapié en que hay que potenciar la industria, descuidada durante años y que siempre tiene un papel vertebrador en una economía. Por ejemplo, el Consejo General de Economistas de España apuesta por un “cambio enérgico en la política industrial” para que su aportación se acerque a la media europea (que pesa tres o cuatro puntos porcentuales más en el PIB, por encima del 20%). Esta asociación, además, ve necesario “crear y fomentar una cultura industrial en la sociedad civil española”. Para algunos, como Guillermo de la Dehesa, la fórmula mágica es muy simple: que el negocio de las casas pierda atractivo de una vez por todas. “Habría que quitar absolutamente el incentivo a la inversión en vivienda”, afirma contundente. No todo el mundo, sin embargo, cree en las bondades de hacer una apuesta selectiva por determinados (y supuestos) caballos ganadores. “Creo que debemos hacer un esfuerzo por no renunciar y no despreciar a priori ningún sector o actividad económica susceptible de aportar riqueza y crecimiento. España tiene una estructura sectorial diversificada, más de lo que a veces reconocemos. Es cierto que durante unos años el sector de la construcción ha tenido una clara sobreponderación en nuestro PIB, pero no es menos evidente que con su corrección estamos redescubriendo la fortaleza y potencialidades de nuestros sectores industriales que de algún modo ya estaban ahí y sobre los cuales, más que sobre un cambio radical de modelo, seremos capaces de recuperar la senda del crecimiento”, dice Salvador Alemany, presidente de Abertis. Mauro Guillén también se expresa en los mismos términos: “La economía española está muy diversificada en cuanto a sectores de actividad y es clave que salgan todos adelante. No veo que haya segmentos de futuro y de no futuro. Tanto futuro tiene la agricultura como el tratamiento de aguas como la industria aeroespacial”. La clave, para los que así piensan, está en insuflar dinamismo y competitividad a todo tipo de negocios, desde el turismo hasta la construcción más clásica. “Más que cambiar de modelo lo que debemos asegurar es que nuestros proyectosempresariales son capaces de añadir conocimiento a sus procesos; de innovar en tecnología de diseño y producción, en producto final y en servicio; de ganar en dimensión, un factor este absolutamente crítico para afrontar el crecimiento en otros países de modo viable. Dimensión y productividad son dos variables de la misma ecuación. Ahí también hay un espacio para una fiscalidad que incentive la migración desde la microempresa a la pequeña y la grande, y que estimule la reinversión de los beneficios y el refuerzo de los recursos propios”, dice Alemany. Lo más probable es que la mutación productiva de España, y las buenas noticias macroeconómicas, lleguen tarde o temprano. Y no solo por el camino que hemos echado a andar, sino porque cuenta con grandes activos que le convierten en un gran país de oportunidades dentro de la Vieja Europa. De esta larga lista de atractivos para los inversores, cabría destacar una excelente red de infraestructuras, una mano de obra todavía barata en comparación con la de los grandes socios europeos; una producción científica de primer nivel, cada vez más destacada y creciente; una posición relativa como destino de inversiones que apenas se ha visto salpicada por la Gran Recesión (tampoco nuestra reputación entre los grandes países); un buen capital humano (un 32% de la población cuenta con educación superior); un enclave geográfico privilegiado para acceder a grandes mercados como el latinoamericano y el africano; unas escuelas de negocios a la vanguardia, y unas multinacionales altamente competitivas e innovadoras. Con un poco de suerte, y si no decae el celo reformista del Ejecutivo, España seguirá estando a la vanguardia de las economías mundiales. Y esta crisis, tan dolorosa, no habrá sido en balde: habremos transitado hacia un sistema más innovador y sostenible, del que podrán gozar, sin sobresaltos, las generaciones futuras.
TECNOLOGÍA
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El Gobierno Corporativo que viene
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